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El rock en Oaxaca



HOMERO ONTIVEROS 
Una de las experiencias más interesantes que me dejó el 2012, fue tener la oportunidad de charlar y conocer un poco de la música que hacen los jóvenes en Oaxaca.
Me reuní con algunos integrantes de bandas para saber cómo se estaba moviendo la música por allá; cuáles eran sus dificultades, sus ventajas, y cómo las afrontaban.
La realidad no es desconocida, pues a veces pareciera un patrón que se repite por entidades. Escuchándolos a ellos me di cuenta, por ejemplo, de que aquí, en Monterrey, donde de alguna forma ya tenemos un camino recorrido en esto del rock, seguimos teniendo ciertas dificultades que en algún momento creímos haber superado.
La falta de espacios para tocar es la principal queja. La nula apertura de los medios de comunicación existentes para las bandas locales. Los malos tratos de parte de algunos empresarios u organizadores de conciertos; y la preferencia del público hacia las bandas foráneas; son algunos de los problemas a los que ellos se enfrentan.
Mucho de esto se sigue escuchando de voz de muchas bandas aquí en Monterrey. ¿Quiere decir que entonces no hemos hecho las cosas bien, o que probablemente las dejamos de hacer y estamos retrocediendo? ¿Por qué seguimos teniendo las mismas dificultades, a decir de bandas regias, después de más de 20 años en los que el rock en la ciudad dejó de ser local para ser de exportación? ¿Qué nos diferencia de otras ciudades?
La respuesta a esta última pregunta podría ser, la forma de afrontar la situación.
Por citar alguna diferencias que me llamaron la atención, en Oaxaca la mayoría de las bandas buscan emigrar antes que formar una base o movimiento local. Basados en los obstáculos antes mencionados, ellos responden con el mismo desinterés; una idea como de ser profeta en tierra ajena.
Así me lo comento "Quimi", líder de la banda de nu jazz Quimono, al platicarme que ha podido asistir a festivales culturales de otras ciudades, y con buen presupuesto, mientras que en Oaxaca batalla mucho para tocar. Ellos buscan dejar la ciudad y emigrar a un lugar donde pueda ser reconocido su trabajo.
Esto me hace preguntar: en Monterrey ¿tenemos que dejar la ciudad para dar a conocer nuestra música y tener más oportunidades de crecer como banda?
Aquí hemos tenido una infraestructura y se ha hecho un negocio con el rock local. ¿Qué queda de eso hoy en día? ¿Mucho, poco, qué?
En Oaxaca, esa falta de infraestructura de apoyo para las bandas locales ha motivado a buscar la autogestión, no solo de discos, sino también de público y de espacios.
Es el caso, por ejemplo, de la banda de porno punk Coito Violento, quienes han tenido que idear cómo poder tocar su música dentro de una sociedad costumbrista; se buscan sus propias tocadas, en sus propios espacios y su propia gente, pues en Oaxaca no existen otras bandas de porno punk ni un público para este género; se ha tenido que ir formando.
La Byt Band es una banda de ska que ha tenido que hacer sus discos de forma artesanal, es decir, ellos mismos producirlos manualmente, y autogestionarse. Probablemente esta sea una de las agrupaciones más activas del estado.



Tuve oportunidad de saber de otras bandas con propuesta interesante como Molcajete, un grupo que mezcla el funk y el reggae con el son jarocho y que cuenta con dos discos grabados en vivo. Los Jawai Sorfers son una banda de 5 años que se enfrenta con otro problema extra: no son de la capital, sino del poblado de Zaachila, sin embargo, se las han ideado para estar tocando su surf e incluso contar con un video
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 Cruz Guardián, de las bandas más reconocidas de heavy metal oaxaqueño. Ellos también han tenido oportunidad de salir a otros estados y abrir para grupos "grandes". Cuentan con un CD, un demo, y tienen 8 años tocando.
 

Sutil es una banda de latin funk y jazz; Cruz del Sur, banda de rock alternativo... Ya platicaremos, por separado, del trabajo de algunas de estas bandas más adelante. Más allá de los problemas que enfrentan las bandas locales de cada ciudad, lo importante es que se sigue gestando música en la periferia. No todo sale del centro. Hay mucha música sonando al norte y al sur. Lo que nos falta es voltear hacia otros lados y hacer nuestra propia cadena de difusión. Si el norte se preocupa por lo que sucede musicalmente en el sur, seguramente éste también volteará a ver lo que se haga acá, se acortarán las distancias, se creará un canal de difusión y seguramente se enriquecerá aún más nuestra realidad musical nacional. La solución a los problemas no es una. Creo más bien en una serie de dinámicas que deben crearse a partir de las necesidades de la ciudad, del público y de los artistas, pero esto no vendrá de otro lado más que de los mismos músicos que se interesen por que más personas escuchen su trabajo. Este tema de las bandas y el público tiene mucha tela de dónde cortar, así que seguiremos tratando este punto al cual los invito a participar y opinar.